Los candidatos Maruchan: sin votos, sin chamba y con hambre de hueso

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Son instantáneos, desechables y caros. Como la sopa que les da nombre. Sirven para tapar el hambre del momento, pero no nutren a nadie


Los Mochis, Sinaloa.- En cada elección aparecen, fallan; son los candidatos Maruchan ya que con tres minutos en agua caliente y ya se sienten listos. Así son.

Se pasan 10, 15, 20 años calentando banca en un partido. No fueron buenos para ganar una regiduría, no fueron buenos para operar una seccional, no fueron buenos para defender una casilla sin que se las roben. Nunca les dieron una candidatura importante porque nunca ganaron nada, ni siquiera al interior.

Y entonces descubren la fórmula mágica del chapulín: victimizarse.

“Es que mi partido ya no me valora”, “es que hay cúpulas”, “es que no hay democracia interna”. No, compa. Es que no das votos. Es que en tu colonia ni tu familia vota por ti.

Se van al partido de enfrente, a que ayer insultaban, al que llamaban corrupto; traidor e impresentable. Hoy es “un proyecto ciudadano”, “un movimiento que sí escucha”.

Y lo más cínico: sin haber pintado una barda, sin haber afiliado a una persona, sin haber caminado una calle bajo el sol, llegan exigiendo.

Quieren ser candidatos a gobernador.
Quieren ser presidentes municipales.
Quieren ser diputados.

El candidato Maruchan no tiene ideología, tiene hambre. No tiene base, tiene padrino. No tiene proyecto, tiene ambición.
No ganan una elección interna, no hacen territorio, pero cuando huele a candidaturas se cambian de playera y exigen la grande.

Y son los que más daño hacen. Porque le quitan el espacio a la gente que sí ha trabajado desde abajo, a la joven que sí hace campaña, al líder que sí trae gente, al perfil que sí puede ganar; pero llega el Maruchan, con tres lamentos en redes y una foto con el dirigente nacional de moda, y lo quieren imponer.

Son instantáneos, desechables y caros. Como la sopa que les da nombre. Sirven para tapar el hambre del momento, pero no nutren a nadie.

La política en Sinaloa está llena de estos personajes. Hoy son del PRI, mañana de Morena, pasado del PAN o del partido que les abra la puerta. Cambian de color como semáforo descompuesto, pero el contenido es el mismo: vacío.