No existe en Sinaloa nadie que atesore más la posición de Diputado que aquel que ha dejado de serlo.
En esta tesitura convergen los sentimientos nostálgicos de quien fue y ya no es, de quien lamenta el poder haber hecho más para que el retiro post parlamentario pudiese ser más ameno y que permita vivir con decoro, sin angustias y con la satisfacción de haber aprovechado al máximo los días en el curul.
Nadie más que ellos pueden dar testimonio de las áreas de oportunidad que tienen hoy los parlamentarios en funciones y que pueden aprovecharlas o no, pero que ello se reflejará en su producción legislativa y la capitalización posterior a ella.
En el análisis de la productividad legislativa de las Diputadas y Diputados podemos señalar dos tópicos que nos permitan calificar de manera objetiva.
El primero, atiende a una concepción meramente numérica o de porcentajes totales, éste resulta ser la forma más fácil y menos complicada de evaluar la tarea legislativa en conjunto, cuando se utiliza este método la intención es cerrar las puertas a la polémica y dejar en claro los números alcanzados en el periodo determinado entre los grupos parlamentarios o la legislatura en concreto.
La segunda, implica realizar un examen individual, no de grupo parlamentario sino personal sobre la actividad legislativa, a partir esencialmente de la trascendencia, calidad, viabilidad, eficacia y legitimidad de las leyes presentadas por el Diputado y su equipo, las procesadas en comisión, las que se han votado y que finalmente pasan a formar parte del marco jurídico de la actuación del Gobierno del Estado gracias a sus propuestas.
Bajo estas dos premisas resulta fácil saber que Legislador o Legisladora si se ha puesto a trabajar y está aprovechando su estadía en el recinto.
Sin embargo, el escenario político en el que nos encontramos hoy en día previo a las próximas elecciones nos estremece y nos obliga a presenciar de los diputados las estrategias que están determinando en materia política, jugando sus roles de oposición o de partido en el poder, el desgaste que ésta lucha les genera y el poco enfoque en sus carreras personales a futuro.
Tal vez por ello, en Sinaloa ya pasó un año y poco se puede hablar de parlamentarios que saquen la casta, generen nota sobre sus participaciones, presenten o apoyen alguna iniciativa progresista o que bien, ganen en la sociedad simpatías. Salvo sus excepciones por supuesto.
Tal parece que el año que pasó fue utilizado para discutir problemas estériles en los que poco o nada ganó la sociedad y en los que ninguno de los movimientos se llevó la capital política.
Hasta el día de hoy podemos seguir afirmando que pocos o nadie conoce a sus Diputados Locales en sus distritos, y a pesar que también es una responsabilidad del ciudadano interesarse por ese tema, los diputados y diputadas no han hecho nada por ganar terreno o atenderlo.
Es decir, los parlamentarios no se han ganado en este año el cariño de sus representados. Y aquí si no hay excepciones.
El reto que viene en este nuevo periodo y año estará ahora en poder capitalizar cada disertación y abanderamiento previo a sus aspiraciones, cada participación y causa deberá servir para atender sus proyecciones políticas o de partidos o bien, de no ser así seguiremos teniendo ante los ojos de la ciudadanía una legislatura fría, gris, apática, con Diputados y Diputadas chiquitos, que sólo son de relleno para completar los 40 curules.
En la historia legislativa de Sinaloa esos son muchos, faltan dedos para contar quién solo son ave de paso y no logran capitalizar su posición, esperemos que en esta 63 Legislatura sean menos que otros años, por el bien de la política y de Sinaloa.
Nos vemos en la próxima.
Twitter: @MiguelVicenteR




