Distopía Política

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Platicando con Christian -un amigo de la Preparatoria y de toda la vida- recordé que no hace mucho tiempo realicé un ejercicio para analizar el comportamiento de los medios y de la política respecto a un acontecimiento.

El ejercicio consistía sobre crear una “Distopía”, es decir; recrear a partir de un acontecimiento una predicción catastrófica.

En ese momento la víctima que hoy se ha de odiar mucho por ese suceso, cometió una imprudencia que bien pudo pasar desapercibida, pero que con un detonante pudo acabar con su carrera y credibilidad. Si bien es cierto que el sujeto fue el único responsable por su improcedencia, bastó un impulso para recrear lo que todo mundo ya esperaba, el clásico “en algún momento esto va a reventar”. Y así sucedió.

La distopía política, es la antítesis de la utopía, es lo contrario al mundo imaginario de Coelho donde el universo conspira a favor. La utopía es aquello que deseas con fuerza que suceda, mientras que la distopía es aquello que no quisieras que suceda nunca.

En la política y la lucha de poderes nada se deja al azar, la victoria de uno casi siempre es la derrota de otro y para que esto suceda no se puede esperar a que el universo conspire, es necesaria la operación política, analizar al sujeto y activar el momento preciso el detonante para que el adversario político tropiece de manera tal que deje libre el camino.

¿Recuerdan cuando gran parte de la población coreaba “Andrés Manuel es un peligro para México”? ésta es una representación clara de una distopía política, augurar un mundo sumergido en un caos, que cierto o no, no deja de ser una predicción catastrófica como la que nos advertía que “México se convertiría en Venezuela”.

Es normal y hasta parte del monopolio del poder augurar distopías, sembrar en el subconsciente del votante que a toda costa se eviten escenarios decadentes. Al fin y al cabos, la gente vota por sentimiento, no por razón o lógica.

George Orwell, en su novela “1984” nos conduce un poco a entender este concepto, la distopía orwelliana incluso forma parte de las lecturas obligadas de la clase política que hoy están cobrando vigencia a raíz de la manipulación que cada vez más tiene el estado para con sus gobernados.

Aquí es entonces cuando la distopía ya no forma parte de un concepto ficticio, ni se convierte en ejercicio de observación política, sino que se convierte en un tema de agenda global donde se pone en juego los derechos del hombre a través de la información que cada vez más tienen sobre nosotros y nos hacen más vulnerables. Manipulables para quien tenga acceso a lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Nos vemos en la próxima columna.

Twitter @MiguelVicenteR