Empresarios y diputado reconocen rezago en Topolobampo: promesas avanzan más rápido que la infraestructura

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Los Mochis, Sinaloa.– Mientras el discurso oficial impulsa a Topolobampo como un polo estratégico de desarrollo, en la práctica el ritmo de ejecución en infraestructura y adecuaciones legales sigue sin estar a la altura de las inversiones proyectadas.

Durante su participación en la reunión Intercamaral, el diputado local César Guerrero Alarcón reconoció abiertamente este desfase: el crecimiento económico avanza con mayor velocidad que la capacidad institucional para responderle.

El señalamiento no es menor. Empresarios han insistido en la necesidad de condiciones claras y procesos ágiles, sin embargo, persisten obstáculos estructurales como la lentitud en trámites —especialmente en licencias de uso de suelo—, la falta de digitalización y la ausencia de una ventanilla única que otorgue certeza jurídica real a los inversionistas.

A ello se suma un problema más profundo: la infraestructura existente resulta insuficiente ante el escenario de expansión. La carretera Mochis–Topolobampo enfrenta riesgos de saturación, mientras proyectos clave como la activación de vías férreas, nuevas conexiones carreteras y la adecuada vinculación con el aeropuerto continúan en fase de planeación o con avances limitados.

Aunque el legislador planteó posibles soluciones —como reformas a la Ley de Alcoholes, la Ley de Hacienda Municipal y el fortalecimiento del Registro Público de la Propiedad—, estas medidas aún forman parte de una agenda en construcción, sin plazos definidos ni garantías de implementación inmediata.

En este contexto, también propuso la creación de un “impuesto verde” para industrias, orientado a subsanar rezagos históricos en servicios básicos en Topolobampo. No obstante, la propuesta abre un nuevo frente de discusión: cómo equilibrar la atracción de inversión con la imposición de nuevas cargas, incluso si estas no son consideradas gravosas.

El anuncio de un posible decreto estatal para ampliar los beneficios del polo de desarrollo a toda la región refuerza la intención de inclusión económica, pero también evidencia que, hasta ahora, la estrategia carece de un alcance territorial plenamente definido.

El caso de Topolobampo refleja un patrón recurrente en proyectos de gran escala: el entusiasmo por la inversión suele adelantarse a la planeación integral. Sin coordinación efectiva entre gobierno, iniciativa privada y sociedad, el riesgo no es solo el retraso, sino la generación de cuellos de botella que terminen por frenar el propio desarrollo que se busca impulsar.

Por ahora, el reconocimiento del rezago es un primer paso. El desafío real será traducir diagnósticos en acciones concretas, antes de que la brecha entre expectativas y realidad se haga aún más amplia.