Mientras en la región Évora la quema de soca cayó 90% y ya hay campañas con marchas, en Ahome no hay un solo reporte oficial de 2026. Productores advierten: “Si no se ve el humo, creen que no existe”. El suelo se empobrece en silencio y el aire lo respira Los Mochis
Los Mochis, Sinaloa.- Son las 5 de la tarde y desde el ejido 20 de Noviembre se ve la columna gris. Sube lento, espesa, y el viento la empuja hacia la ciudad. Es soca de maíz. Es abril. Es ilegal. Y es invisible para la estadística.
En 2026, Ahome no tiene un solo caso oficial de quema de soca reportado. No porque no ocurra. Sino porque nadie lo denuncia.
El contraste: Évora la combate, Ahome la esconde.
A 90 kilómetros, en Salvador Alvarado, autoridades, bomberos, Fiscalía y módulos de riego marcharon el 17 de enero. Sacaron mantas: “No quemes tu futuro”. Allá la quema bajó 80% y en todo el Évora ya es *menos del 10% de lo que fue hace 6 años: de 10 mil hectáreas quemadas a solo 100.
En Ahome, el municipio que más maíz siembra en Sinaloa, no hay campaña, no hay marchas, no hay cifras. Protección Civil no ha emitido un reporte. La Junta Local de Sanidad Vegetal del Valle del Fuerte no publica datos del municipio.
“Los focos rojos están en Angostura y Salvador Alvarado”, dicen los comunicados. Ahome no aparece. Pero el humo sí.
“Nos multan si nos ven, pero nadie mira”
-Don Jesús-, productor de El Guayabo, prende un cerillo sobre el rastrojo mientras atardece. “Quemo poquito, pa’ limpiar rápido. Si viene el de Sanidad me friega, pero no vienen. Nomás salen cuando hay queja en redes”.
La ley es clara: la quema de soca contamina, mata los microorganismos que hacen fértil la tierra y deja el suelo como ladrillo. Cada hectárea quemada pierde hasta 30% de materia orgánica. El especialista en suelos de la UAS lo resume así: “Quemar soca es quemar dinero. El productor le prende fuego a su banco de fertilidad”.
Aun así se hace. Porque es rápido y barato. Incorporar la soca cuesta diesel y tiempo. El cerillo no.
El castigo que no llega
Municipios vecinos ya amagan con negar el permiso de siembra para el próximo ciclo a quien queme. En Ahome, la sanción más fuerte que se menciona es multa económica. Pero sin inspectores en campo y sin denuncias, no hay castigo.
“Van a los predios grandes, a los de carretera. A los ejidos chicos no entra nadie”, reclama -Ana-, ama de casa de Higuera de Zaragoza. Su hijo de 3 años usa nebulizador desde marzo. “Cuando queman, en la noche no podemos dormir. El cuarto se llena de humo y él empieza con la tos”.
El dato que sí existe: el aire de Los Mochis
Aunque Ahome no cuenta sus quemas, la ciudad sí respira el resultado. Abril y mayo son los meses con más reportes de infecciones respiratorias en centros de salud. Coincide con el fin de la cosecha de maíz. Coincide con el humo.
La Secretaría de Salud no liga una cosa con la otra en sus informes. Pero los médicos de los Centros de Salud de la periferia lo saben: “Cuando hay quema, suben las consultas por asma y bronquitis. Sobre todo en niños y adultos mayores”.
El silencio oficial
Se solicitó a la JLSV del Valle del Fuerte el número de hectáreas quemadas en Ahome en 2026. Al cierre de esta edición no hubo respuesta. Protección Civil Municipal tampoco tiene reporte público.
Mientras Évora presume que bajó de 10,000 a 100 hectáreas quemadas, Ahome no sabe ni cuántas tiene. Y lo que no se mide, no se puede combatir.
El sol cae y la columna de humo sobre El Guayabo se hace más densa. Mañana amanecerá el cielo gris sobre Los Mochis. La gente dirá que es neblina. Los productores dirán que fue un accidente. Y la estadística oficial de Ahome seguirá en ceros.
Un cero que no significa que el problema se resolvió. Significa que nadie lo está viendo.
Dato: Incorporar la soca en lugar de quemarla aumenta materia orgánica, retiene humedad y reduce hasta 15% el gasto en fe



