Por fin le aplicaron el reglamento a Enrique Inzunza. No la ley, no la ética, no la vergüenza. El reglamento.
Ignacio Mier anunció que Inzunza dejará la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos. ¿La razón oficial? Ya no pertenece a Morena. ¿La razón real? Ya nadie quiere salir en la foto con él.
El senador sinaloense se convirtió en el apestado de la Cámara Alta. En el que todos saludan de lejos. En el “yo ni lo conozco”. En el que te hace cambiarte de acera en el pasillo.
Desde que Estados Unidos lo señaló por presuntos vínculos con el crimen organizado, desde que la Casa Blanca lo mencionó en un documento oficial, desde que le gritaron “narcosenador” en tribuna, Inzunza se volvió radioactivo.
Morena primero lo defendió a medias. Luego le sugirió pedir licencia por debajo de la mesa. Luego le aceptó que se fuera a la banca de independientes “para no afectar al movimiento”. Y ahora, a un mes de distancia, por fin se acuerdan de que un independiente no puede presidir la comisión más importante del Senado.
Porque claro, tener a un senador independiente, acusado por http://EE.UU., presidiendo la comisión que dictamina TODAS las reformas constitucionales, se veía un poquito mal.
Mier lo dijo con toda la frialdad burocrática: “Le vamos a dar cumplimiento estricto a lo que establece el reglamento”. Como si hubieran descubierto ayer que Inzunza ya no es morenista.
La verdad es más simple: nadie quiere que lo relacionen con él. Ni en el grupo, ni en la comisión, ni en la foto, ni en el boletín. Es el apestado.
Y mientras buscan a quién darle su comisión para la cuarta semana de septiembre, Inzunza seguirá ahí, en su escaño solo, sin bancada, sin presidencia, sin que nadie le conteste el WhatsApp.
El poder es así: ayer presidente de la comisión estrella, hoy ni te conocen.



