El Fuerte, Sinaloa.— En el llamado “Pueblo Mágico” la magia se pierde entre montones de basura y olores insoportables. Vecinos denuncian que los camiones recolectores tardan hasta 15 días en pasar por las colonias, provocando la acumulación de desechos que, con las altas temperaturas de la región, se descomponen rápidamente y generan un foco de contaminación que amenaza la salud pública.
Mientras tanto, la autoridad municipal brilla por su ausencia. El alcalde Gildardo Leyva Ortega no ha dado explicación alguna, mucho menos una solución concreta a un problema que ya rebasa la paciencia de los habitantes.
Lo preocupante es que la crisis en los servicios públicos no es un hecho aislado, sino el reflejo del abandono administrativo que enfrenta El Fuerte. ¿Cómo se puede hablar de turismo, cultura y desarrollo económico, cuando los propios habitantes tienen que convivir con basura en cada esquina?
El reclamo ciudadano es claro: menos discursos y más acciones. El Fuerte no merece ser recordado por sus montones de basura, sino por su historia y su riqueza cultural. Hoy, la falta de atención del gobierno municipal amenaza con borrar esa imagen.


