EL PODER DEL MÉRITO

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¿Tiene mayor derecho el que se lo merece?

El mérito deviene lógicamente del merecimiento, del saberse acreedor a algo per sé, de ver algo como tuyo, como recompensa al esfuerzo, al tiempo. A lo largo de la historia, mucho se le ha objetado a la política que debe tomar en cuenta “el mérito” que debe cumplir ésta a quienes han hecho todo por merecerlo.

¿Pero la política recompensa siempre al que se lo merece? ¿o siempre existe que llegan personas que en términos meritocráticos no hacen los mismos esfuerzos y terminan ganando?

Para eso hay que suponer que el punto de partida es igual para todos, pero nunca es así, nos equivocamos pensando que el tiempo es el único factor para medir la meritocracia, cuando en política el dinero incluso puede más que 10 o 15 años de trabajo duro, ¿y esto está mal?.

Por supuesto que no, la política es un vehículo para acceder al poder, al poder del poder. Y para llegar no solo se necesitan elementos como el tiempo, sino que son necesarios otros más que quien los tenga en el momento correcto puede llevarse los palmares incluso que aquel que comenzó el camino.

En la mitología, el héroe no era el que cansaba al León, sino aquel que le cortara la cabeza incluso si durante la pelea permanecía escondido.

La meritocracia toma como parámetro el esfuerzo individual, inclusive si la competencia ha sido leal, al final los recursos de cada individuo son los que distancian unos a otros para merecer.

La política no se trata de justicia, por ende la meritocracia no es una cuestión de recompensa sentimental. Nos lo hemos replanteado mal sobre todo cuando no nos damos cuenta que muchas personas, partimos con cierta desventaja sobre otros.

La fantasía de que con el esfuerzo individual todo se puede tiene valía para muchas cosas, pero no para la política. El voluntarismo y esfuerzo no siempre se ve recompenzado y con ello no quiero decir que así sea siempre. Sino que inclusive en las religiones la meritocracia llega -toda vez que has sido buena persona- en el reino de los cielos. Es decir, para la religión el mérito por esforzarte llega despues de la muerte.

Para la política el mérito por esforzarte existe en la teoría, pero en la práctica nadie te lo garantiza.

El mérito, es de cierto modo incomprobable, ¿cuánta gente que ustedes conocen se rompe la vida haciendo algo, y dado su condición social y cultural nunca recibe su “premio” por esforzarse?

El mito del del que se esfuerza siempre cumple con su objetivo es el encubrimiento de una propuesta concreta por el otro, de que tiene algo para ti.

O al reves ¿ustedes creen que el que ha nacido -no por su culpa- con mucha ventaja sobre otros ha hecho un esfuerzo por estar en el lugar donde está?

¿Qué hizo aquel que nacio en una ventaja social suprema para merecerse lo que tiene? ¿qué tiene de diferente a tí que te esfuerzas cada día para llevar el pan a tu casa o comprarte una playera?

En ambas partes, ninguno de los dos es culpable, pero de mérito no se trata.

El poder de la meritocracia no es una regla, menos en la política. Por años nos han dicho que tenemos que esforzarnos para merecer como si se tratase de una regla, habrá que replantearnos mejor ¿qué hacemos con lo que tenemos para tener más?

Una vez me dijo alguien que nadie es más que sus circunstancias, ahí entendí que no se trataba de méritos, de tiempo, de espacio o dinero. Se trataba de mí, de tí, y de que hacer con lo que tienes.

Nos vemos en la próxima.

Twitter: @MiguelVicenteR

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