Los Mochis, Sinaloa.– Si el sistema de salud prometido algún día fue comparado con Dinamarca, la realidad que enfrentan derechohabientes en la Clínica 37 del IMSS en Los Mochis parece estar en otro continente.
El recorrido comienza con un detalle difícil de ignorar: los malos olores provenientes de los baños, que, según usuarios, alcanzan salas de espera y pasillos, convirtiendo la espera médica en una experiencia todavía más incómoda.
Y después viene el calor.
Pacientes esperan sentados, algunos durante horas, mientras el aire acondicionado resulta insuficiente o presenta fallas. Adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y mujeres embarazadas tienen que soportar temperaturas que vuelven interminable cualquier trámite o consulta.
Pero el verdadero calvario, dicen los derechohabientes, aparece cuando llega la hora de surtir una receta.
Medicamentos que no están disponibles, indicaciones de regresar otro día, largas filas y trámites que se retrasan cuando, según los usuarios, “se cae el sistema”.
Así transcurre la jornada: esperar para conseguir una cita, esperar para ser atendido, esperar para realizar un trámite y, finalmente, esperar para saber si habrá medicamento.
Mientras tanto, las cuotas obrero-patronales continúan descontándose puntualmente.
El reclamo no es que el IMSS atienda a demasiada gente. El reclamo es que la infraestructura, el mantenimiento, el abasto y la atención no parecen estar a la altura de la cantidad de derechohabientes que dependen del servicio.
En la Clínica 37, el derecho a la salud termina convertido, para muchos usuarios, en una prueba de paciencia.
Dinamarca puede esperar.
Por ahora, los derechohabientes de Los Mochis parecen pedir algo mucho más básico: baños dignos, aire acondicionado, medicamentos y atención sin interminables filas.


