Mea Culpa

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He utilizado esta columna agradeciendo la apertura de Plataforma Noticias para externales mis planteamientos sobre política.

En esta ocasión, quiero referirme a un sentimiento generalizado que en algún momento de la trayectoria profesional de políticos y políticas padece.

El oficio político es una actividad donde poco o nada es color de rosa, aunque si bien es cierto que la política se dignifica y cobra valor cuando es destinada a las necesidades del pueblo, existe detrás del telón un cúmulo de responsabilidades administrativas, malversación de fondos, prácticas ilegales, hipocresía y traiciones maquilladas de buenas intenciones.

Partiendo del entendimiento que para hacerse del poder, es preciso desarrollar diversas estrategias para conducirte a el. De preferencia se hace “todo lo que sea necesario”.

Hasta aquí vamos bien, ahora conozcamos a los sujetos, los diversos tipos de actores y actrices del escenario político, entre ellos están:

– Quienes buscan el poder político por profesión.
– Quienes tienen intereses económicos y usan la política como recurso.
– Quienes están buscando aplicar la política para cambiar su ciudad, los buenos pues.
– Quienes buscan el poder por el poder, egocentrismo, necesidad de atención, ambición, etcétera, y;
– Quienes reúnen dos o más de estos propósitos.

Cada uno de estos sujetos, están conscientes de lo que implica dedicarse a esta loable profesión. Y del precio que en ocasiones se llega a pagar para seguir adelante.

A ciertas alturas de su recorrido ya conocen lo que mencioné al principio, la ingenuidad y la inocencia queda en el camino y conocen de las cosas buenas que esto deja para ellos y para la ciudadanía, así como de los males necesarios que en ocasiones y solo en ocasiones han de utilizarse.

Dicho esto, es en esta coyuntura donde el sujeto se define como político; en el momento de tomar la decisión de hacer lo correcto, o hacer lo necesario.

Contado es la persona que obedece a sus principios y convicciones y abandona la política asqueado de la falsedad que encuentra en el camino.

Un número mayor son cegados por la ambición y la avaricia de lo poco que han conocido y continúan pasando por encima de quien tengan que pasar para acceder al poder, por tener más.

Pero un gran número de estos, la mayoría de quien se dedica al oficio político se queda en la línea de fuego. En el equilibrio de lo que está mal y está bien, haciendo lo necesario sin que esto les resulte un peso emocional, pero también obedeciendo sus tradiciones morales, justificándose tal vez de esta manera, pero a toda costa evitando el sentimiento de mea culpa.

Se trata de jóvenes que se prestan a prácticas electorales despreciables a cambio de una oportunidad, mujeres que se hacen ciegas ante la falta de igualdad a cambio de un espacio para ellas, hombres que se sabotean unos a otros, que se saludan de mano y abrazo de frente y de espaldas bardean sobre ellos.

En lo general; personas que suicidan sus principios para llevar el pan a la casa o conservar el trabajo.

De estos ejemplos abundan muchísimos en la política. Actores y actrices haciendo como que no ven, sintiendo mea culpa como si no sintieran nada.

A pesar de esto, la política es una actividad sin igual, quienes dedican su vida a esta profesión son conscientes de todo esto y tal vez por ello “mea culpa” sea un sentimiento fácil de disuadir en los viejos políticos, pero cuidado en las juventudes es el catalizador de las revoluciones pensantes y la resistencia.

Es aquí cuando “mea culpa” se convierte en la esperanza del cambio interno, pues “mea culpa” es reconocer que hiciste algo incorrecto y buscar rectificar de alguna manera, ver en los males necesarios también una respuesta.

Más ahora que lo políticamente correcto siempre estará por encima de la moral.

Lo que si no debemos permitir, es querer negar algo evidente a sabiendas que ya todo mundo conoce las viejas y las nuevas prácticas políticas, de nada sirve autoengañarnos creyendo que hacemos en la política y con ella solo acciones caritativas.

El equilibrio para poder convivir con mea culpa, primero es reconocer que existe, que muy en el fondo sabemos que hicimos algo incorrecto pero que esto era necesario, al fin y al cabo las herramientas para conquistar el poder siempre han estado manchadas de sangre, (literalmente) y quienes se dedican a la política están en la búsqueda constante por el poder.

De una vez por todas, aceptarnos como soldados de la política y reconocer que al jugar con fuego es imposible no mancharte de ceniza al quemar un par de cosas…

Nos vemos en la próxima.

Twitter: @MiguelVicenteR

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